ON CHESIL BEACH

Basada en la novela corta homónima de Ian McEwan, En la Playa Chesil ha sido adaptada a la gran pantalla por el propio autor, y dirigida con una sensibilidad extraordinaria por Dominic Cooke, conocido director teatral.

El sello teatral está presente a lo largo de toda la obra, cuyo punto fuerte son las expresiones y miradas de los protagonistas. Florence (Saoirse Ronan) y Edward (Billy Howle) son dos enamorados que acaban de terminar sus estudios universitarios de un modo brillante, y deciden casarse. Corre el año 1962. Son inteligentes, jóvenes, inexpertos y… especiales. Ella pertenece a una buena familia, aunque no tan buena como ellos piensan, y él de origen muy humilde, y con un gran drama familiar a sus espaldas.

Deciden pasar su luna de miel en la playa Chesil (Dorset), pero en su noche de bodas no todo va según el modo convencional , y poco a poco vamos entendiendo su historia, con la introducción de frecuentes flashbacks, incluso algún flashback dentro de otro flashback. Se conocieron por casualidad, Edward mostrando su lado más audaz, Florence mostrando su personalidad y sensibilidad especial de violinista, pero acarreando un lastre que no se acaba de concretar en la cinta. Lo que los dos tienen claro es que están profundamente enamorados, y que tienen un gran futuro por delante. Pero…. ese futuro se tuerce, y ahí comienza el drama.

La fotografía, tanto las escenas en la playa como las de interior, resulta esencial en la historia, y muestra instantes que paralizan el tiempo, y en los que Cooke se recrea de un modo tan intenso que puede hacer que la historia se ralentice mucho, en opinión de algunos, demasiado, pero ahí radica el profundo encanto de esta historia de amor: es lenta, íntima, delicada y… dramática.

La banda sonora acompaña el amor y el arte de las escenas de un modo precioso, con piezas de Mozart, Schubert, Beethoven… y la sensibilidad que aporta esta música excepcional y eterna al drama que viven los personajes se ve incrementada.

En la Playa Chesil tiene ese sello tan inglés de lo intimista de los sentimientos reprimidos, el drama aceptado de lo imposible de cambiar, y que no es posible expresar con palabras. Los dos protagonistas aceptan una vida que no quieren, y aceptan que su destino ha de ser así, y ahí radica el verdadero drama de la historia, en su aceptación de lo, aparentemente, inevitable.

Sólo por la fotografía y la música merece la pena ver esta película delicada y brutal, con una dramática historia de amor, que anula la felicidad de dos existencias, llenas de un amor inexperto que no sabe luchar contra sus circunstancias: la historia es una elegía sobre la fatalidad de dos vidas que no se sobreponen a su inexperiencia emocional.

Una película preciosa, con una fotografía y banda sonora excepcionales, y una actuación de Saoirse Ronan que no va a pasar desapercibida. Muy recomendable, pero abstenerse los interesados sólo en el cine comercial: ésta no es su película.

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